Notas de mi vida

 

Nací un martes, en abril de 19... (¡¡ joer !!, ya ni me acuerdo), en la clínica San Camilo, de Madrid. Según mi madre, era lo más feo del mundo. Negro como el carbón, con las orejas enormes y muy esmirriado. Siempre me consuela diciéndome que de todas formas me quería mucho.

Hasta los 6 meses, me cortaron el pelo al cero porque lo único que me crecían eran dos penachos a ambos lados de la cabeza, y el rapado era la única solución "aceptable" para que me pudieran sacar a pasear a la calle sin que mis padres renegaran de mí.

No anduve hasta los 18 meses, pero eso sí, el día que me decidí, nunca más tuvieron que cogerme en brazos. Yo siempre digo que estuve observando mucho tiempo a mis mayores para perfeccionar la técnica.


Mis padres me recuerdan a menudo que era un niño muy pesado, y que si me gustaba hacer una cosa (por ejemplo darle vueltas a la manivela de una ventana) a veces no paraba en horas, con la consiguiente desesperación de mis progenitores, que veían como sus brazos desfallecían un día sí y el otro también sosteniéndome en vilo hasta que yo terminaba mis investigaciones sobre el movimiento angular de los objetos.

Y es que ya desde pequeñito, uno era bastante cuadriculado. No hacía demasiadas cosas, pero lo que hacía, lo hacía perfecto. Así por ejemplo, con 2 años manejaba el magnetofón de mi padre, y con menos de 3 era capaz de poner un disco de vinilo en el tocadiscos de mi casa y colocar suavemente la aguja, o decirle a mi padre si una televisión fallaba de sincronismo horizontal o vertical. Es decir, era lo que ahora se conoce como un niño ''repipi''. Eso sí, nunca rompí ningún aparato y cuidaba mis juguetes como si fueran hijos míos. Lo cierto es que a mí me gustaban las teclas más que a un tonto una piruleta.

Con cuatro años tuve mi primera experiencia "voluntaria" (algún contaré el por qué de este término) con la luz en forma de calambrazo de 220V. Todavía hoy tengo una cicatriz claramente visible en la palma de mi mano izquierda. Desde ese día supe que lo mío era la electricidad y decidí que de mayor haría algo relacionado con ello y en la Universidad estudié Ingeniería Industrial en su rama de electrónica aunque al final, me capturaron los temibles ordenadores y he desarrollado casi toda mi carrera profesional en el mundo de la informática.

Me considero una persona muy metódica y ordenada, a veces hasta extremos que yo mismo me asusto. Seguro que recordáis la película protagonizada por Julia Roberts, 'Durmiendo con su enemigo' en la que el marido, además de estar grillado, es un obseso del orden. Bueno, pues yo casi igual que él (en lo grillado espero que no)
En fin, seamos críticos. También es cierto que soy muy materialista y a veces un poco egoísta y que miro mucho por mis intereses. Es algo con lo que lucho día a día para mejorar. Además, soy muy conformista (aunque habría que discutir si esto es un inconveniente o una ventaja) y generalmente estoy de acuerdo con lo que tengo.

Disfruto mucho de mi tiempo libre, ya sea estando sólo o con mi mujer y mis hijos y rara vez me encuentro aburrido.


Mi receta para ser feliz

Desde los días de niño, hasta hoy, mi vida ha sido absolutamente normal, y desde luego muy placentera, y eso me encanta. Ahí van una serie de consejos para conseguirlo:

- Intenta conseguir que lo cotidiano se convierta en necesidad y disfrutar de las cosas más triviales.
- Nunca te marques grandes metas, ni demasiado alejadas en el tiempo. Eso sólo lleva a    la ansiedad constante y al final,     muy probablemente, a la frustración personal. Es mejor dar pequeños pasos y ver cómo vas avanzando, que esperar el gran paso de tu vida, que quizá nunca llegue.
- No seas demasiado ambicioso. Intenta vivir de acuerdo con tus posibilidades y medios
- Cuida a tu familia y a tus amigos. Además de ser reconfortante, siempre se verá recompensado de un modo u otro.
- Piensa que lo único que tienes es esta vida. Cuídala.
- Confía en que la vida no te de grandes disgustos. Poco podrás hacer ante eso más allá de resignarte.
- No creas en el destino. Ese nos lo fabricamos nosotros minuto a minuto y gran parte de lo que te depare el futuro dependerá de tus acciones presentes.

Como verás, mi filosofía de la vida es muy conservadora, pero yo intento cumplirla casi siempre en todos los puntos y te aseguro que no me va nada mal. ¡Anímate a seguirla!


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